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COLLAGEN von CARME RIERA
Texto original : Georg Becker . Director
del Instituto Alemán de Cultura.
Traducción : José Mª Valverde, Poeta. Catedrático
de Estética. (1983)
Carmen Riera trabaja, sin pausa, en la creación de su mundo. Con
eso no hace sino lo que hacemos todos, día y noche, en nuestra vida.
Nuestra capacidad de representación, nuestros destellos de pensamiento,
nuestros sueños, el fugaz recuerdo, nos sirven de material e instrumento
para la creación de nuestro mundo de formas. Carmen Riera dispone,
además de todo eso, de herramientas de especial
calidad: sus ojos y sus manos. Ve cosas, hace visible cosas que nosotros,
habitualmente, pasamos por alto.
En sus manos nada sigue siendo mezquino e insignificante; todo se hace
piedra de construcción y enlaza su valor más especial dentro
de nuestra realidad humana.
A ella, hija de Catalunya, el mar se le ha hecho familiar en su múltiple
modo de ser y con todo lo que esconde en sí.
Con Tàpies, Miró y Gaudí comparte, en amor fraterno,
la religiosa creencia en la materia. Lanza sus redes, extrae tesoros del
fondo azul; raíces que empujan encuentran en ella el humus desde
el cual, en finísima ramificación, se extienden a nueva vida.
El mar ha elaborado para ella precisamente fósiles, restos de moluscos,
todos los posibles precipitados, en espera, durante décadas y milenios,
de llegar a estar puestos a su disposición. Guijarros sobre los
cuales pasamos sin pensar, se transforman ante nuestros ojos en piedras
preciosas. La broza marina se convierte en el ornamento más precioso.
Los cuadros de Carmen Riera son, a menudo ventanas al refulgir misterioso
del mar. No por azar encuentran aplicación para el título
de sus cuadros los versos de Pablo Neruda:
"Esa agua nutricia
Molecular y electrizada
Que tiñe los mares
De un relámpago violeta."
"El cielo es ahora un latido del Océano"
Las demás imágenes de paisajes han
surgido siguiendo el mismo proceso poético:
transformación en el silencio.
Todo se hace matiz. El matiz de lo esencial.
El color se hace follaje-follaje como color.
Vestigios de vida pasada hecha visible.
Una pincelada nos lleva a profundidades inconmensurables.
Un hilo blanco se convierte en contorno de un paisaje.
Una red negra crea espacios no presentidos.
Al descender al cobijo de las cosas en el fondo del mar, Carmen Riera también
sondea en las profundidades del pasado: palidecidas fotografías,
sencillos objetos de ornamento, un botón de madreperla, un abanico,
encajes hechos a mano, un traje de bautizo son, a la vez, pretexto y centro
de composiciones armónicas y armonizadoras, en las que ella conjura
el pasado y lo hace presente con una intemporal estructuración artística.
En este espíritu también están creados sus collages.
El papel, que visiblemente ha cumplido su finalidad de uso, se organiza
ante nuestros ojos en la obra de arte. Un tosco desgarrón reúne
la imagen en supremo refinamiento estético .
Los tejidos elaborados en imagen son la materia" a la que ella concede
nuevo valor con peculiar cuidado. No en vano ha trabajado muchos años
como diseñadora textil, y eso en una tierra que ha contribuido a
los más importantes logros de la creación textil en Europa.
En esta exposición se muestran también algunas naturalezas
muertas en las que se revela el ser de esta importante artista catalana.
Aquí, exteriormente, no hay nada violento, nada apremiante a la
moda. Su poder de creación reside en la contención.
Carmen Riera crea imágenes en cuya presencia querría yo vivir.
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