NUMBER ONE / SEPTEMBER 1998

 

Base por Altura Partido por Dos

Antonio Beneyto

 

Reproducimos aquí Base por Altura Partido por Dos de Antonio Beneyto, publicado en la colección "La Esquina", de Barcelona en 1969. Base (8), Altura (1), Partido por Dos (2) nos presenta una galería de retratos surrealopostistas en los que el artista "conversa" con muchos de sus escritores-amigos preferidos. Se incluye el texto en CORNER con la autorización del autor.

 

BASE

1.-Macedonio Fernández.-Borracho imperdonable de prólogos. Quisiste el 31 de diciembre de 1.873 hacer algo y no te dejaron. Alguien te hablaba ya de los Museos, de las Eternas, y tú, ¡cómo disfrutabas! Y Ramón ya te había escrito y yo, que aún no había nacido, te llamaba por el cable de la magia. ¡Cómo te dejabas hacer cosquillas en la planta de los pies! ¡Cómo ibas empaquetando entre los papeles judiciales los otros papeles, los del recienvenido! ¡Cómo quisiste enredar con tu sutil verbo a los sustantivos! Y mientras, yo ya empezaba a guardarte un rincón en la base.

2.-Oliverio Girondo.-Masmédulenado o tal vez gandualeando te conocí en la esquina de aquel barrio de putas. Tú, que nunca salías de casa, llegaste aquel día a destruir tu mimetismo en plena vía nocturna: "¡Faroles enfermos de ictericia! ¡Faroles con gorras de 'apache' que fuman un cigarrillo en las esquinas!", y en París, y en Julio de 1.921 dejabas caer una lágrima sobre la mano de aquella hermosa adolescente, mientras André Breton iniciaba la redacción de su Primer Manifiesto en una habitación de un Hotel desconocido.

3.-Cristóbal Serra.-Ermitaño mallorquín y descalzo por tu sabiduría de perro. Ermitaño porque lo dijo Paz y descalzo porque todos los martes del año (a excepción de los días que tienes la obligación de sacar a paseo a tu cocodrilo por el Borne) acudes al Rastro de tu ciudad y vendes los zapatos.
¿Quién te diría lo que un tiempo atrás me narraste de Cotiledonia? ¿Quién te haría pendulear de aquella manera tan original y monótona al mismo tiempo? ¿Por qué escribes inclinado y con un solo ojo? Acaso no sabes que yo en muchas ocasiones escribo con el rabo y dibujo circunferencias para aprender de tus cosas.
¡Oh, si hubieras nacido en Catiledonia, cuán terrible y bello hubiera sido tu destino. Ve y explícale al alumno por qué el verbo Avoir significa limpiar los zapatos del capitalista; anda, ve: braire .

4.-Joan Brossa.-¿Por qué quieres hacer de Judas cuando te fotografían? ¿Por qué te empeñas en transformarte en hoja de papel de periódico que no lees? ¿Por qué clavas un dedo en la pared y con esta postura estás días y días?

"Al mig d'una habitació, un gibrell amb patates fregides que el públic s'anirá menjant."

¿Por qué Fregolileasandandoysubiendoporlascosturasdetutraje?

¡Ah, si Tàpies te colgara de sus cuerdas, cómo se iba a divertir la gente!

5.-A.F. Molina.- A veces (bueno, siempre que vas a montar a caballo) te pones tieso como un palo; luego te golpeas con los puños en los riñones y en seguida arrojas por la boca una piedra pómez. En otras ocasiones publicas un artículo y lo firma una mujer que, paulatinamente, fuiste engendrando en la planta de tu pie derecho (¿o acaso de tu pie central?) También cuando quieres me invitas y juntos marchamos al Mercado a comprar verdura, verdura que luego no compras pues por el camino recoges la de la cuneta. ¿Te acuerdas de aquel día, cuando compramos dos kilos de salmonetes por 23 pesetas y 50 céntimos y nos los comimos fritos? ¿te acuerdas de aquella crítica que hizo un crítico desconocido sobre tu libro Solo de bocina (en la infancia, así me lo confesaste, tuviste gran afición a la trompeta) diciendo que habías arrancado hojas de otros libros y uniéndolas formaste tu narración?

6.-Manuel Pacheco.- Allá en tu Bajamoros o tal vez en tu Badajoz, Cabeza de Castilla, según me dijo un pintor alemán, te retuerces los dedos y haces poemas que más tarde se leen en medio mundo. Tus Diarios del otro loco me vuelven del revés y siento que un curandero me interviene del hígado y luego hecha la visita se marcha sin ni siquiera decirme adiós.

7.-Boris Vian.- Tu corazón partido subió a la chimenea más alta de París por culpa del cinematógrafo, mientras aquella mujer limpiaba la casa de malhumor (...) Sin embargo, la amabas terriblement y esto ahora es suficiente para que sigamos leyéndote al tiempo que nos lavamos en el baño con espuma azul.

8.-Henri Michaux.- Al descubrirte descerrajando la puerta de la señora anciana presencié tu verdoso rubor en la protuberancia de la garganta de tus pies. Entonces se te ocurrió preguntarme por qué llevaba la chaqueta al revés y sorprendido un poco por la interrogante dije que porque era español. Y todo quedó entre nosotros en palabras inútiles, en miradas recelosas y un tanto laberínticas. Luego hablé de muchas cosas y al final indiqué: "Agárrate a ese clavo ardiente y dá un chillido". Tú lo hiciste, pero no gritaste. Esto me alegró sobremanera y seguí hablando: "Mira, mira lo que escribí en una fantástica madrugada cuando tuve mi primer reencuentro contigo".

(Durante la lectura alguien me pellizcaba en la bolita de los ojos. ¡Qué inoportuno!)

No hace mucho descubrí a Henri Michaux y desde entonces acá siento cada mañana como si me pincharan en las sienes. Son mis enemigos: los envidiosos.

Sí, caer en la lectura de cualquier texto del poeta Michaux es como no haber leído nada anteriormente.

Es como si alguien me hubiera asesinado, así de pronto, y a trocitos me hubiera ido metiendo entre las páginas de los libros del namurense.

Otras veces, cuando recuerdo sus escritos-me llegan tantas sensaciones- las uñas de los pies se trasplantan a los dedos de las manos y aquellas se quedan arrinconadas en el cubo de la basura: hasta que la portera se las lleva.

También me entretengo -en mis raticos de ocio- en jugar con sus palabras, con sus versos, con sus narraciones, con sus escritos. Coloco una palabra delante de mis ojos -los dos están bien abiertos- cierro el derecho y la palabra salta al izquierdo, dando la impresión de que es un saltamontes; y si cierro el izquierdo la palabra se queda en el derecho. Claro, esto sólo me ocurre a mí... cualquier otro lector si intenta hacer el mismo juego no conseguirá nada.

¡Ah, si continuara hablándoles de Henri Michaux a través de mis sensaciones! ¡Cuántas cosas tendría que decirles que ni ustedes ni yo, tal vez, llegaríamos a comprender del todo!

¡Ah, si a uno le cercenaran la cabeza y con ella en este estado empezara a leer los libros del poeta Henri Michaux...! Casi seguro que todos intentaríamos imitarlo y con la cabeza cercenada nos emborracharíamos. Pero esto lo haríamos tan pocos que más valdría leerlo con la cabeza unida al tórax.

Si la palabra magia se está desacreditando de tanto usarla, dando vueltas en espiral diré que la palabra Michaux está engrandeciéndose de apenas nombrarla; y esto, sin duda, será la gran satisfacción para él.

Y ahora silencio entre los dientes, silencio en las axilas, -si alguien quiere hacer ruido que mastique con las muelas, solamente- las palabras de Henri Michaux van a actuar, la piruera está sobre el libro, intentará romper el papel, intentará descomponer, sin descomponer, las mismas letras:

Yo era un feto.

Y mi madre me despertaba siempre que se le ocurría pensar en Monsieur de Riez.

Al mismo tiempo, encontrábanse a veces despiertos otros fetos, de madres apaleadas o alcohólicas, o que estaban ocupadas en el confesionario.

Fuimos así, una noche, setenta fetos que conversábamos de vientre a vientre, no me puedo explicar bien por qué medios ni a qué distancia.

Después, no nos volvimos a encontrar más.

Yo, de un puñetazo, ahí lo dejo: estático y con su cuerpo lleno, casi hinchado, de sensaciones fantásticas.

 

POR ALTURA

1.-Julio Cortázar.- Ya sé, ya sé que Rimbaud te sube los testículos a los ojos y los ojos los olvidas siempre que puedes allá en tierras de la India o en los ovarios de alguna lejana y hermosa mujer. Mientras en tu recuerdo se entreteje Isidore Ducasse como si fuera un símbolo sin sentido o un trago de Long John. Y luego vas y te metes en un cubo porque la política del cubeo llena de entusiasmo y no hace sentir sed... (Tú ya sabes de aquello de los cronopios que se masturbaban escondidos entre los cabellos de tu coronilla; y tus famas ¡cómo se escurrían por el tobogán de tu nariz! cuando llegaba Madame Cuggenheim con el sostén en la mano y con gafas sin cristal.) ...por esto llegas a mi ciudad residencial (estás tres días) y nadie se entera de tu estancia a excepción del Gran Gisbert de la Bodega Bohemia y de la puta número cuarenta y cuatro y medio de la calle Robador.

 

PARTIDO POR DOS

1.-Fernando Arrabal.- Te pedí el otro día un texto y me dijiste que ahora escribes con ceniza y en grandes planchas de hierro fundido y el envío por avión es muy costoso. Yo lo comprendí y por esto no quise explicarte mi manera de escribir porque pienso a nadie le interesa: pero en este preciso momento, no sé por qué, tengo apetencia de aclarar que lo primero que hago es buscar un papel en blanco (este trabajotrabajotrabajotrabajo me lleva bastante tiempo; suficiente para contemplar por unos segundos aquella fotografía en la que estás sentado en la taza del retrete y escribiendo una pieza... ca... cho... ca... ca...); luego, digo en voz baja alguna palabrota y sigo llenando líneas. Por otra parte me gustaría saber cómo escribiste ese texto que ibas a enviarme sin haber escrito. También me gustaría saber si alguna vez firmaste en un talón de banco. O quizás estuviste un día sentado en un banco esperando que el guarda del jardín te formara un expediente por haber ido de juerga la noche anterior.

2.-Camilo José Cela.-Me parece bien eso de que te hayas dedicado a lo de los huevos. Ya sabes amigo Camilo, lo que dicen por ahí, que en España (creo que también en Ijsjdhsloau) tenemos los huevos demasiado negros (¿?) y tú has sacado a la luz de los bibliófilos todos los secretos.

Pero dejemos esto y vayamos a tu pedalear delante del mural de Picasso. Pero dejemos esto y vayamos a Mrs. Caldewell habla con su hijo o a María Sabina . Pero también dejemos esto y vayamos a rompercristalesenlaiglesiaqueexistealavueltadetucasa.

Me pregunto por qué conduces tu automóvil a 151 kilómetros por hora, cuando sólo vas a darte un baño. Me pregunto por qué después del cuarenta y cuando un pobre llamaba a la puerta de tu casa le obsequiabas con un rollo de papel higiénico. Y finalmente me pregunto otras cosas...

 

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