Base por Altura Partido por Dos
Antonio Beneyto
Reproducimos aquí Base por Altura Partido por
Dos de Antonio Beneyto, publicado en la colección "La
Esquina", de Barcelona en 1969. Base (8), Altura (1), Partido por
Dos (2) nos presenta una galería de retratos surrealopostistas en
los que el artista "conversa" con muchos de sus escritores-amigos
preferidos. Se incluye el texto en CORNER con la autorización del
autor.
BASE
1.-Macedonio Fernández.-Borracho imperdonable de prólogos.
Quisiste el 31 de diciembre de 1.873 hacer algo y no te dejaron. Alguien
te hablaba ya de los Museos, de las Eternas, y tú, ¡cómo
disfrutabas! Y Ramón ya te había escrito y yo, que aún
no había nacido, te llamaba por el cable de la magia. ¡Cómo
te dejabas hacer cosquillas en la planta de los pies! ¡Cómo
ibas empaquetando entre los papeles judiciales los otros papeles, los del
recienvenido! ¡Cómo quisiste enredar con tu sutil verbo a
los sustantivos! Y mientras, yo ya empezaba a guardarte un rincón
en la base.
2.-Oliverio Girondo.-Masmédulenado o tal vez gandualeando
te conocí en la esquina de aquel barrio de putas. Tú, que
nunca salías de casa, llegaste aquel día a destruir tu mimetismo
en plena vía nocturna: "¡Faroles enfermos de ictericia!
¡Faroles con gorras de 'apache' que fuman un cigarrillo en las esquinas!",
y en París, y en Julio de 1.921 dejabas caer una lágrima
sobre la mano de aquella hermosa adolescente, mientras André Breton
iniciaba la redacción de su Primer Manifiesto en una habitación
de un Hotel desconocido.
3.-Cristóbal Serra.-Ermitaño mallorquín
y descalzo por tu sabiduría de perro. Ermitaño porque lo
dijo Paz y descalzo porque todos los martes del año (a excepción
de los días que tienes la obligación de sacar a paseo a tu
cocodrilo por el Borne) acudes al Rastro de tu ciudad y vendes los zapatos.
¿Quién te diría lo que un tiempo atrás me narraste
de Cotiledonia? ¿Quién te haría pendulear de aquella
manera tan original y monótona al mismo tiempo? ¿Por qué
escribes inclinado y con un solo ojo? Acaso no sabes que yo en muchas ocasiones
escribo con el rabo y dibujo circunferencias para aprender de tus cosas.
¡Oh, si hubieras nacido en Catiledonia, cuán terrible y bello
hubiera sido tu destino. Ve y explícale al alumno por qué
el verbo Avoir significa limpiar los zapatos del capitalista; anda,
ve: braire .
4.-Joan Brossa.-¿Por qué quieres hacer de Judas
cuando te fotografían? ¿Por qué te empeñas
en transformarte en hoja de papel de periódico que no lees? ¿Por
qué clavas un dedo en la pared y con esta postura estás días
y días?
"Al mig d'una habitació, un gibrell amb patates fregides
que el públic s'anirá menjant."
¿Por qué Fregolileasandandoysubiendoporlascosturasdetutraje?
¡Ah, si Tàpies te colgara de sus cuerdas, cómo se
iba a divertir la gente!
5.-A.F. Molina.- A veces (bueno, siempre que vas a montar a caballo)
te pones tieso como un palo; luego te golpeas con los puños en los
riñones y en seguida arrojas por la boca una piedra pómez.
En otras ocasiones publicas un artículo y lo firma una mujer que,
paulatinamente, fuiste engendrando en la planta de tu pie derecho (¿o
acaso de tu pie central?) También cuando quieres me invitas y juntos
marchamos al Mercado a comprar verdura, verdura que luego no compras pues
por el camino recoges la de la cuneta. ¿Te acuerdas de aquel día,
cuando compramos dos kilos de salmonetes por 23 pesetas y 50 céntimos
y nos los comimos fritos? ¿te acuerdas de aquella crítica
que hizo un crítico desconocido sobre tu libro Solo de bocina (en
la infancia, así me lo confesaste, tuviste gran afición a
la trompeta) diciendo que habías arrancado hojas de otros libros
y uniéndolas formaste tu narración?
6.-Manuel Pacheco.- Allá en tu Bajamoros o tal vez en
tu Badajoz, Cabeza de Castilla, según me dijo un pintor alemán,
te retuerces los dedos y haces poemas que más tarde se leen en medio
mundo. Tus Diarios del otro loco me vuelven del revés y
siento que un curandero me interviene del hígado y luego hecha la
visita se marcha sin ni siquiera decirme adiós.
7.-Boris Vian.- Tu corazón partido subió a la chimenea
más alta de París por culpa del cinematógrafo, mientras
aquella mujer limpiaba la casa de malhumor (...) Sin embargo, la amabas
terriblement y esto ahora es suficiente para que sigamos leyéndote
al tiempo que nos lavamos en el baño con espuma azul.
8.-Henri Michaux.- Al descubrirte descerrajando la puerta de
la señora anciana presencié tu verdoso rubor en la protuberancia
de la garganta de tus pies. Entonces se te ocurrió preguntarme por
qué llevaba la chaqueta al revés y sorprendido un poco por
la interrogante dije que porque era español. Y todo quedó
entre nosotros en palabras inútiles, en miradas recelosas y un tanto
laberínticas. Luego hablé de muchas cosas y al final indiqué:
"Agárrate a ese clavo ardiente y dá un chillido".
Tú lo hiciste, pero no gritaste. Esto me alegró sobremanera
y seguí hablando: "Mira, mira lo que escribí en una
fantástica madrugada cuando tuve mi primer reencuentro contigo".
(Durante la lectura alguien me pellizcaba en la bolita de los ojos.
¡Qué inoportuno!)
No hace mucho descubrí a Henri Michaux y desde entonces acá
siento cada mañana como si me pincharan en las sienes. Son mis enemigos:
los envidiosos.
Sí, caer en la lectura de cualquier texto del poeta Michaux es
como no haber leído nada anteriormente.
Es como si alguien me hubiera asesinado, así de pronto, y a trocitos
me hubiera ido metiendo entre las páginas de los libros del namurense.
Otras veces, cuando recuerdo sus escritos-me llegan tantas sensaciones-
las uñas de los pies se trasplantan a los dedos de las manos y aquellas
se quedan arrinconadas en el cubo de la basura: hasta que la portera se
las lleva.
También me entretengo -en mis raticos de ocio- en jugar con sus
palabras, con sus versos, con sus narraciones, con sus escritos. Coloco
una palabra delante de mis ojos -los dos están bien abiertos- cierro
el derecho y la palabra salta al izquierdo, dando la impresión de
que es un saltamontes; y si cierro el izquierdo la palabra se queda en
el derecho. Claro, esto sólo me ocurre a mí... cualquier
otro lector si intenta hacer el mismo juego no conseguirá nada.
¡Ah, si continuara hablándoles de Henri Michaux a través
de mis sensaciones! ¡Cuántas cosas tendría que decirles
que ni ustedes ni yo, tal vez, llegaríamos a comprender del todo!
¡Ah, si a uno le cercenaran la cabeza y con ella en este estado
empezara a leer los libros del poeta Henri Michaux...! Casi seguro que
todos intentaríamos imitarlo y con la cabeza cercenada nos emborracharíamos.
Pero esto lo haríamos tan pocos que más valdría leerlo
con la cabeza unida al tórax.
Si la palabra magia se está desacreditando de tanto usarla, dando
vueltas en espiral diré que la palabra Michaux está engrandeciéndose
de apenas nombrarla; y esto, sin duda, será la gran satisfacción
para él.
Y ahora silencio entre los dientes, silencio en las axilas, -si alguien
quiere hacer ruido que mastique con las muelas, solamente- las palabras
de Henri Michaux van a actuar, la piruera está sobre el libro, intentará
romper el papel, intentará descomponer, sin descomponer, las mismas
letras:
Yo era un feto.
Y mi madre me despertaba siempre que se le ocurría pensar
en Monsieur de Riez.
Al mismo tiempo, encontrábanse a veces despiertos otros fetos,
de madres apaleadas o alcohólicas, o que estaban ocupadas en el
confesionario.
Fuimos así, una noche, setenta fetos que conversábamos
de vientre a vientre, no me puedo explicar bien por qué medios ni
a qué distancia.
Después, no nos volvimos a encontrar más.
Yo, de un puñetazo, ahí lo dejo: estático y
con su cuerpo lleno, casi hinchado, de sensaciones fantásticas.
POR ALTURA
1.-Julio Cortázar.- Ya sé, ya sé que Rimbaud
te sube los testículos a los ojos y los ojos los olvidas siempre
que puedes allá en tierras de la India o en los ovarios de alguna
lejana y hermosa mujer. Mientras en tu recuerdo se entreteje Isidore Ducasse
como si fuera un símbolo sin sentido o un trago de Long John. Y
luego vas y te metes en un cubo porque la política del cubeo llena
de entusiasmo y no hace sentir sed... (Tú ya sabes de aquello de
los cronopios que se masturbaban escondidos entre los cabellos de tu coronilla;
y tus famas ¡cómo se escurrían por el tobogán
de tu nariz! cuando llegaba Madame Cuggenheim con el sostén en la
mano y con gafas sin cristal.) ...por esto llegas a mi ciudad residencial
(estás tres días) y nadie se entera de tu estancia a excepción
del Gran Gisbert de la Bodega Bohemia y de la puta número cuarenta
y cuatro y medio de la calle Robador.
PARTIDO POR DOS
1.-Fernando Arrabal.- Te pedí el otro día un texto
y me dijiste que ahora escribes con ceniza y en grandes planchas de hierro
fundido y el envío por avión es muy costoso. Yo lo comprendí
y por esto no quise explicarte mi manera de escribir porque pienso a nadie
le interesa: pero en este preciso momento, no sé por qué,
tengo apetencia de aclarar que lo primero que hago es buscar un papel en
blanco (este trabajotrabajotrabajotrabajo me lleva bastante tiempo; suficiente
para contemplar por unos segundos aquella fotografía en la que estás
sentado en la taza del retrete y escribiendo una pieza... ca... cho...
ca... ca...); luego, digo en voz baja alguna palabrota y sigo llenando
líneas. Por otra parte me gustaría saber cómo escribiste
ese texto que ibas a enviarme sin haber escrito. También me gustaría
saber si alguna vez firmaste en un talón de banco. O quizás
estuviste un día sentado en un banco esperando que el guarda del
jardín te formara un expediente por haber ido de juerga la noche
anterior.
2.-Camilo José Cela.-Me parece bien eso de que te hayas
dedicado a lo de los huevos. Ya sabes amigo Camilo, lo que dicen por ahí,
que en España (creo que también en Ijsjdhsloau) tenemos los
huevos demasiado negros (¿?) y tú has sacado a la luz de
los bibliófilos todos los secretos.
Pero dejemos esto y vayamos a tu pedalear delante del mural de Picasso.
Pero dejemos esto y vayamos a Mrs. Caldewell habla con su hijo
o a María Sabina . Pero también dejemos esto y vayamos
a rompercristalesenlaiglesiaqueexistealavueltadetucasa.
Me pregunto por qué conduces tu automóvil a 151 kilómetros
por hora, cuando sólo vas a darte un baño. Me pregunto por
qué después del cuarenta y cuando un pobre llamaba a la puerta
de tu casa le obsequiabas con un rollo de papel higiénico. Y finalmente
me pregunto otras cosas...
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